Equipo de Sanamidi ella · 5 de septiembre de 2026 · 6 min de lectura
Engordar en la perimenopausia no es falta de voluntad: qué cambia y qué se puede hacer
Comes igual, te mueves igual y la báscula sube, sobre todo en la cintura. Qué pasa en el cuerpo a partir de los 40, por qué las dietas fallan y cuándo la medicina contempla un tratamiento.
Se estima que las mujeres ganan entre medio kilo y un kilo al año durante la transición a la menopausia, y que la grasa cambia de sitio: menos en caderas y muslos, más en el abdomen. Lo notan mujeres que no han cambiado nada. Por eso es tan injusto el «come menos y muévete más» que suelen oír: el problema no está en la voluntad, sino en la biología.
Lo que cambia por dentro
Con la caída de los estrógenos, el cuerpo tiende a almacenar grasa en el abdomen, la masa muscular baja (y con ella el gasto energético en reposo), el sueño empeora y la sensibilidad a la insulina se reduce. Todo empuja en la misma dirección: se gasta menos, se acumula más y el apetito se regula peor.
A eso se suma que el cerebro defiende el peso que tiene: cuando pierdes unos kilos con una dieta, sube el hambre y baja el gasto para recuperarlos. Es el motivo por el que la mayoría de las dietas terminan en efecto rebote. No es un fallo tuyo; es un sistema que hace su trabajo.
Por qué importa más que la talla
La grasa abdominal es la que se asocia a tensión alta, colesterol, prediabetes, hígado graso y apnea del sueño. Por eso la medicina no mira solo el peso, sino el índice de masa corporal (IMC) y las condiciones que lo acompañan. Perder entre un cinco y un diez por ciento del peso ya mejora de forma medible la tensión, el azúcar y el sueño.
Cuándo la medicina contempla un tratamiento
El tratamiento farmacológico del exceso de peso se contempla a partir de un IMC de 30, o de 27 cuando hay alguna condición ligada al peso. Por debajo de 27 no está indicado, y en la mujer hay un criterio más: no procede en el embarazo, en la lactancia ni si se busca embarazo. Los tratamientos actuales actúan sobre las señales de apetito y saciedad y tienen evidencia sólida cuando van con hábitos y seguimiento médico; cuál, con qué dosis y a qué ritmo lo decide un médico. Por ley y por criterio, no publicamos nombres de medicamentos.
Lo que sí puedes hacer hoy
Proteína en cada comida y fuerza dos o tres veces por semana, para frenar la pérdida de músculo que baja el gasto. Dormir: el sueño corto dispara el hambre al día siguiente. Menos ultraprocesados y más fibra, que sacian y alimentan la microbiota. Y dejar de pesarte cada día: el peso oscila un kilo o dos por agua y da una información engañosa.
Y si tu IMC está en el rango en el que la medicina contempla tratamiento, plantéatelo como una cuestión médica, no de fuerza de voluntad. En Sanamidi ella, muy pronto: cuestionario con tu IMC al momento, cribado de seguridad y valoración por un médico colegiado.